La hermandad de la Vera Cruz de Cuenca, antecedente directo de la archicofradía de Paz y Caridad

Si bien en Cuenca existe una hermandad de la Vera Cruz moderna, que desfila en la procesión del Lunes Santo y nació para cubrir un hueco procesional hace algunos años, hay también otra hermandad histórica, clásica, que aunque actualmente ya no se llama de esta forma, porque cambió a mediados del siglo pasado su advocación titular por la de Archicofradía de Paz y Caridad, se corresponde con el antiguo cabildo de la Vera Cruz, Sangre de Cristo y Misericordia. Mantiene además casi todas las características comunes de la mayor parte de estas cofradías religiosas: nació en el siglo XVI, al amparo del convento de religiosos franciscanos, para convertirse en la primera cofradía penitencial de la ciudad; organizó la procesión del Jueves Santo, presumiblemente formada por hermanos de luz y de sangre, aunque sobre este particular no se ha encontrado aún constatación documental definitiva,...
La historia de la hermandad, si bien aún no bajo la titularidad de la Vera Cruz, se remonta al año 1521, cuando algunos regidores del ayuntamiento solicitaron del rey Carlos I autorización para fundar una hermandad que, bajo la advocación de la Misericordia se encargara de enterrar a los ajusticiados, hermandad que fue instalada en la ermita de San Roque, muy cercana al convento de franciscanos observantes. A mediados de la centuria, la hermandad de había enriquecido, pues se la ve firmando en los años cuarenta y setenta sendos contratos con diversos oficiales de la ciudad para arreglar la capilla que la hermandad tenía en la ermita; en el segundo de los contratos se menciona la realización en la parte alta de la capilla de una sala de reuniones y un almacén y, lo que es más importante, se menciona por primera vez la advocación de la Vera Cruz unida a la más antigua de la Misericordia. No se sabe con seguridad las razones de este cambio de denominación, pero lo más probable es que en algún momento entre los años cuarenta y los años setenta de esa centuria, fecha que llevan ambos documentos, la advocación a la Vera Cruz, por influencia de los religiosos franciscanos, hubiera crecido en el seno de la hermandad, o que se hubiera producido una fusión entre dos hermandades diferentes, la de la Misericordia, asentada como se sabe en la ermita de San Roque, y la de la Vera Cruz, asentada en el cercano convento de San Francisco.
El primer dato que se tiene en el que se menciona directamente la procesión del Jueves Santo data de 1610, aunque las propias características de una hermandad de este tipo, puramente penitencial, hacen pensar que esta procesión existiera desde el mismo momento del nacimiento de la cofradía. Una prueba más en este sentido es el contrato que el escultor Giraldo de Flugo, flamenco afincado entonces en Cuenca, firma en 1580 con la hermandad de la Vera Cruz de Zaorejas, actualmente en la provincia de Guadalajara pero pertenenciente entonces al obispado de Cuenca, por el que se comprometía a hacer una imagen de Jesús Nazareno para la que se debería utilizar como modelo la que pertenecía al cabildo de la Vera Cruz de Cuenca. Por diferentes aspectos que aparecen en el documento, se aprecia claramente que la escultura, como debía suceder también con el modelo, tenía una motivación clara para ser portada en procesión; así lo demuestra el hecho de que su cuerpo debía ser vaciado por dentro, con el fin de aligerar en lo posible el peso de la imagen.
En el siglo XVII, del seno del cabildo de la Vera Cruz nacieron, como sucediera también con otras cofradías de esta misma advocación tanto en Castilla como en Andalucía, algunas hermandades satélites, creadas con el fin de organizar la procesión de una imagen concreta dentro del cortejo general de la cofradía. De la cofradía conquense nacieron cuatro hermandades, las mas antiguas de cuantas conforman aún en la actualidad la Semana Santa conquense: Paso del Huerto (antes de 1644), Jesús Nazareno (antes de 1645), Paso de la Caña (antes de 1671) y Nuestra Señora de la Soledad (antes de 1736), Estas cuatro hermandades fueron alcanzando paulatinamente una mayor preponderancia dentro de la estructuración general de la cofradía, proceso del todo paralelo a la propia crisis sufrida por la cofradía matriz en esa misma centuria (en 1676, según testifican los documentos conservados, apenas quedaban algunos hermanos en su seno), hasta el punto de que ya en el siglo XVIII eran precisamente estas hermandades satélites las encargadas de organizar por sí mismas todo el desfile procesional.
El siglo XIX marca un nuevo hito en la historia de la cofradía, que había estado a punto de desaparecer en 1810, invadida la ciudad por las tropas francesas, quienes incendiaron la ermita y saquearon los bienes de la propia hermandad. Sin embargo, y otra vez gracias al trabajo de lo que habían sido hermandades filiales, que mientras tanto habían seguido organizando el desfile del Jueves Santo, el cabildo de la Vera Cruz pudo renacer de sus cenizas. En la década de los años treinta la hermandad del Ecce-Homo, que en la centuria anterior había organizado durante algún tiempo la procesión del Miércoles Santo, se incorporó a la todavía hermandad de la Vera Cruz, y veinte años más tarde sería una hermandad de nueva creación, la del Amarrado, la que completaría el desfile y terminaría por dar un nuevo impulso a la Semana Santa del periodo.
En aquellos momentos de la mitad del siglo XIX, la nueva unión de las hermandades que habían formado desde dos siglos antes el cabildo de la Vera Cruz, formando la Archicofradía de Paz y Caridad, que aún subsiste, terminó de dar consistencia definitiva a la procesión del Jueves Santo. En 1865 fueron confirmadas por el provisor general de la diócesis las constituciones de la nueva institución, que heredaba todas las prerrogativas anteriores del cabildo de la Vera Cruz, incluida también la de enterrar a los ajusticiados, que aún mantenía desde que fuera fundada en el siglo XVI.
A lo largo del siglo XX, esta archicofradía se ha mantenido con todo su vigor. Se han aprobado nuevas constituciones en 1982 y después en 1999. Por lo que respecta propiamente al desfile penitencial, éste se ha ido completando con la incorporación en 1946 de la hermandad de Jesús Caído y la Verónica, y ya en 1997 con el paso del Auxilio, propio de la hermandad ya clásica de Jesús Nazareno.

Julián Recuenco Pérez

Ilustracion : Goliardo
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