Testamento de Don Hernando De Valdés, padre de Alfonso y Juan De Valdés

Dos de los personajes más importantes nacidos en la ciudad de Cuenca a lo largo de su historia son, sin duda alguna, los hermanos Valdés: Alfonso y Juan, que, aun habiendo nacido “de una ventregada”, como reza el correspondiente documento del Archivo Diocesano, citamos por este orden tal y como los refiriese don Hernando, el padre de ambos, en su testamento efectuado, dada su gravedad, durante la noche del 12 de abril de 1530, tal vez a escasas horas de abandonar este mundo.
Don Hernando o Fernando de Valdés, de raíces asturianas, fue nombrado regidor del Ayuntamiento de Cuenca hacia 1476 para cesar en 1520 al traspasarle el cargo a su hijo primogénito Andrés de Valdés, nacido por 1484.
Por haber tenido ascendientes judíos, don Hernando y Andrés sufrieron los rigores de la Inquisición, siendo ambos penitenciados, aunque los expedientes no existen hoy en el Archivo Diocesano de Cuenca, pues tan sólo se hallan referencias indirectas en otros expedientes y en índices de penitenciados.
Casose don Fernando de Valdés con María de la Barrera, asimismo descendiente de judíos, cuyo hermano Fernando de la Barrera, párroco de San Salvador, fue quemado por el brazo secular de la justicia a instancias de la Inquisición creo recordar el 20 de noviembre de 1491 acusado de prácticas judaicas. Del matrimonio nacieron una docena de hijos e hijas, si bien a la muerte del padre en 1530 —la madre había fallecido con anterioridad— “sólo” vivían siete, algo excepcional en la época que nos ocupa.
En sus últimas horas, Hernando de Valdés perdió toda capacidad de efectuar un testamento ordinario ante notario y escribano, por cuanto dejó a su hijo Juan encargado de efectuar el dicho testamento, partiendo de diferentes memoriales que su padre tenía escritos bien de su propia mano o dictados a criados suyos, que le sirvieron a Juan para redactar el documento definitivo.
Qué decir de los gemelos que no se haya dicho ya, pues hasta al gran polígrafo don Marcelino Menéndez y Pelayo, bastante poco proclive por cierto a heterodoxias cristianas apartadas del catolicismo más tradicional, no le dolieron prendas en reconocer e incluso alabar la sapiencia de nuestros egregios paisanos. Refiriéndose a Juan, lo describió, entre otras lisonjas, como «el grande escritor y místico reformista Juan de Valdés». Dotados ambos hermanos de inteligencias prodigiosas, dominó Juan a la perfección las lenguas clásicas: latín y griego, y también el hebreo, lo cual le permitió traducir al castellano los Salmos y las epístolas de San Pablo. La publicación del “Diálogo de doctrina cristiana”, en donde ponía de manifiesto su erasmismo, lo enfrentó con el Santo Oficio, que le incoó dos procesos y consideró como un mero acto de prudencia salir de España rumbo a Roma para después instalarse definitivamente en Nápoles. Allí escribiría su “Diálogo de la lengua”, obra calificada por el ya citado Menéndez y Pelayo como Libro de oro, añadiendo que ...Si Antonio de Nebrija no hubiera escrito antes su Gramática, Ortografía y Vocabulario, no tendríamos reparo en conceder al hereje de Cuenca el título de padre de la filología castellana. Fue el primero que se ocupó en los orígenes de nuestra habla, el primero que la escribió con tanto amor y aliño como una lengua clásica, el que intentó fijar los cánones de la etimología y del uso, poner reparo a la anarquía ortográfica, aquilatar los primores de construcción y buscarlos en la lengua viva del pueblo...
"Escribo como hablo —solía decir Juan de Valdés—; sólo cuido de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me sea posible".
Y refiriéndonos a Alfonso de Valdés, “el amigo de Erasmo”, como lo calificaba Menéndez y Pelayo, secretario de cartas latinas de su majestad Carlos I de España y V de Alemania, fue autor de obras tan importantes como el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma, el Diálogo de Mercurio y Carón y La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, obra considerada anónima hasta que nuestra buena amiga doña Rosa Navarro Durán, filóloga y catedrática de Literatura española de la Universidad de Barcelona, demostró, tras años de investigaciones, que nuestro Alfonso de Valdés fue el autor de obra tan fundamental en nuestra literatura.




Testamento de Fernando de Valdés, vecino de la ciudad de Cuenca, firmado por su hijo Juan de Valdés en virtud de su poder. 10 de agosto de 1530.
Sección de Nobleza del Archivo Histórico Nacional.
Frías, C.1581, D.15.

En la noble y muy leal ciudad de Cuenca, en cierta parte de la noche a doce días del mes de abril año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta años, en presencia de mí el escribano público y de los testigos de yuso escritos, el señor Fernando de Valdés, vecino de la dicha ciudad de Cuenca, estando enfermo en la cama, dijo que, por cuanto él tiene hecho un memorial de su testamento y lo que es su voluntad que se haga y cumpla por su ánima y descargo de ella, el cual está escrito de su letra y de Diego, su criado, y de Gonzalo de Moya; y por cuanto la gravedad de su enfermedad no ha podido acabar y hacer su testamento. Y por ende, dijo que daba y dio y otorgó su poder cumplido a Juan de Valdés, su hijo, quien presente estaba, para que pueda hacer y ordenar su testamento conforme a los dichos memoriales, y poner y quitar todo lo que a él le pareciere que conviene al descargo y cumplimiento de su ánima. Y declara y manda que lo que en el dicho memorial se contiene y manda, se cumpla. Y todo lo que Juan de Valdés ordenare y mandare, y porque en el dicho memorial declara dónde se ha de enterrar, y en él instituye sus herederos. Que él ahora lo otorga todo en el memorial contenido y lo que Juan de Valdés ordenare y mandare. Y de esto otorgó el presente poder. Y porque por su indisposición no pudo firmar, dijo que lo firmase por él Diego Téllez, su criado, de lo cual fueron presentes para esto especialmente llamados y rogados el dicho Diego Téllez, Pedro de Villanueva, vecino de la dicha ciudad, Melchor Esteban y Juan de Oviedo, criados del señor Andrés de Valdés; Onofre González, criado de Luis de Salazar, habitantes de la ciudad de Cuenca. Y yo, Juan del Castillo, escribano.– Diego Téllez. Va enmendado.

Sepan cuantos esta carta de testamento y postrimera voluntad vieren, cómo yo, Juan de Valdés, vecino de la ciudad de Cuenca, hijo legítimo de Hernando de Valdés, mi señor y padre, ya difunto, que Dios dé santo paraíso, digo:
Que por cuanto de muchos días acá el señor Hernando de Valdés tenía ordenado su testamento y postrimera voluntad a servicio de Dios Nuestro Señor y salvación de su ánima, según se contiene en ciertos memoriales que me dejó de lo que era su voluntad que se hiciese y cumpliese para descargo de su ánima y conciencia, los cuales conmigo el dicho Juan de Valdés, comunicó y dejó a mi disposición y voluntad para añadir y quitar de ellos a mi voluntad, y por virtud del poder a mí dado y concedido por el señor Hernando de Valdés, mi padre, para hacer y ordenar su testamento y postrimera voluntad, que es escrito en papel y signado y firmado de su persona, según el parecer y entender, del cual es éste que se sigue:
A quien trae el poder:
Por ende, por virtud del dicho poder y que de suso va incorporado, a mí dado y concedido por el señor Hernando de Valdés, mi señor y padre, que haya santa gloria, en que aceptándola como por la presente acepto, en el dicho nombre otorgo y conozco que hago y ordeno y establezco su testamento y postrimera voluntad en servicio de Dios Nuestro Señor y en salvación de su ánima, según lo que conmigo comunicó, añadiendo y quitando de los memoriales conforme a su voluntad, en la forma y manera siguiente:
—Iten mando cuanto al memorial que Hernando de Valdés, mi señor y padre, dice en el poder que me dio escrito todo de su mano, digo que, mostrándomelo él muchos días antes de su fallecimiento, yo hube enmendado en él algunas cosas. Mando que lo de mi mano y letra estuviese enmendado, según de yuso va declarado y trasladado, de lo susodicho valga tanto como si estuviese de la suya.
—Iten por cuanto al tiempo de su fallecimiento yo me hallé presente y juntamente con mis hermanos di orden en que se hiciese todo lo que el dicho Hernando de Valdés, mi señor, mandó se hiciese así al tiempo de su fallecimiento como enterramiento y novenas, digo que, como cosa cumplida, no hay que hablar en ello.
—En el dicho su memorial está un capítulo que dice que manda que se den a las ermitas acostumbradas y a todas las otras ermitas de esta ciudad a cada una una limosna, cual pareciere a sus testamentarios. Mando que se guarde y cumpla.
—En el memorial de su mano está otro capítulo del tenor siguiente: “Iten mando que si alguna persona demandara que le debo algo, que vean mis libros, y si por ellos pareciere debérselo, que se pague, lo que yo no sé ni creo deber nada. Y si alguno jurare ante el juez que le soy en cargo y hasta en doscientos maravedís, mando que se le paguen”. Y por mí visto el dicho capítulo, mando que se guarde según en el capítulo se contiene.
—Iten parece por el dicho memorial que dejó un capítulo en que decía que si por los libros pereciere que alguno le debe algo, que mandaba que no se les pidiese si él no los quisiese pagar de su voluntad. Y por mí visto lo susodicho, mando que se guarde según en él se contiene.
—Iten por cuanto en el memorial de su mano declaró cierta disposición y manda de sus casas principales y de otras villas cercanas para que al tiempo de su muerte lo conviniera conmigo, por la presente lo remito a lo que declaró por otro memorial que dejó declarado y escrito de mano de Gonzalo de Moya, que está delante de éste.
—Iten nombró el señor Hernando de Valdés, mi señor y padre, por su memorial de su mano escrito sus testamentarios, para que cumplan por su ánima lo contenido en este testamento: al señor Andrés de Valdés, su hijo y mi hermano, regidor de la ciudad de Cuenca; a Diego de Valdés, sus hijos, y, estando ausente, cualquiera de ellos; a María de Valdés, su hija, a los cuales todos tres dio poder cumplido para que tomen de sus bienes y cobren lo que los muy ilustres señores marqués de Villena, de Moya y conde de Santiesteban, de la merced que le hacían y cumplan su ánima y mandas de este testamento y postrimera voluntad. Y por mí visto el capítulo y la voluntad que al tiempo de su muerte me dijo y manifestó, mando que se guarde según en él se contiene.
—Iten declaro por herederos universales del señor Hernando de Valdés, cumplida su ánima según se contiene en el dicho memorial de su mano, a Andrés de Valdés, a Diego de Valdés, a Alonso de Valdés, a mí el dicho Juan de Valdés, a Margarita de Valdés, y Ana de Valdés, que en el memorial dice que se la dejó encomendada mi señora madre y su mujer, que está en gloria; a María de Valdés y a Isabel de Valdés, sus hijos. Y a Margarita, que nació en casa y la tenía como a hija propia por ser hija de María de Valdés, las cuales mandó que partan por iguales partes lo que hallaren. Y yo así lo declaro y mando que se guarde y cumpla, conforme a lo susodicho y a lo contenido en este memorial de que adelante se hará mención.
—Hay otro capítulo en el memorial del tenor siguiente: “Digo que, por cuanto las tierras de pan que yo tenía en término de esta ciudad, que di a María de Valdés en casamiento en diez mil maravedíes, entran con la hacienda de “La Boba”, que hace ochenta maravedíes de censo, a los clérigos de esta ciudad. Y mi mujer, que está en gloria, siendo niño Diego de Valdés, se la hubimos dado con la viña que está cerca de ella. Que aquello se cumpla. Y de las otras tierras están con condición que se había de traer una fiesta o dejen todas las tierras y les den los diez mil maravedíes.” Mando que se guarde el capítulo según en él se contiene.
—Hay un capítulo en el memorial de su mano que habla sobre que dejaba un memorial de su mano, letra y firma, y que mandaba que se cumpliese, así declaro que yo testé el dicho capítulo y lo borré de mi mano porque cuando mi padre falleció ya estaba cumplido.
—Iten declaro que la voluntad de mi padre fue que los bienes que hubiese en su casa de Francisco de Valdés (otro hijo de don Fernando de Valdés fallecido en 1523 seguramente sin descendencia) y de Juan de Angulo, su criado, que no sean habidos por de mi padre, sino de los susodichos, y se vendan para hacer bien por sus ánimas. Y si viviese hermano de Angulo, mando que se le den con más un ducado de un sayo que mi padre declaró que se le vendió y que era encargo de él. Mando que se guarde así.
—Iten cuanto a un capítulo del memorial de su mano que habla de las imágenes de su escritorio y otro que habla de la cofradía de la Misericordia, y otro que dice de una devoción que él tenía, que llamaba Postración, los cuales están testados de mi mano. Mando, porque no había lugar de nada de aquello, que no se haga ni cumpla nada de lo en ello contenido.
—Iten cuanto a lo que dice en el memorial de su mano y en el de mano de Pedro de Moya en la cuenta de señor San Lázaro, digo que está ya hecho como él lo manda, según parece por el libro que él dejó.
—Iten declaro que el memorial de que en el poder que me dejó dice que está ya hecho como él lo manda, según parece por el libro que él dejó.
—Iten declaro que el memorial de que en el poder que me dejó dice que está de mano de Diego Téllez, su criado, es no más que lo que está en el principio del suyo.
—Iten declaro que en el memorial que el dicho señor Hernando de Valdés, mi padre, hizo y ordenó, que está de letra de Gonzalo de Moya, está un capítulo del tenor siguiente: “Iten por cuanto Margarita de Valdés, mi hija, por enfermedades graves que tiene en el monasterio de la Santísima Concepción de Nuestra Señora, procuramos licencia para que saliese del dicho monasterio para curarse de ellas, de nuestro muy santo Padre y del general de la orden del señor San Francisco, y ha entrado y está al presente en mi casa. Declaro en todo que la dicha Margarita de Valdés, mi hija, tanto que Dios Nuestro Señor dispusiere de ella hasta que muera, haya y tenga de mi casa principal donde yo al presente vivo, el palacio donde ella ahora está y el escritorio y la huerta así como está. Y que en ningún tiempo se le quite el oratorio de como está si no fuere para mejoras de él, y el palacio que está encima de donde ella duerme, con el derredor. Y mando que a la dicha Margarita de Valdés se le dé una cama de ropa para ella, buena, y otra para una mujer o moza que la sirva, y otras cosas de casa que hubiere menester para poder pasar fuera de su monasterio, a parecer de María de Valdés y de mis hijos”. Y por mí vista la dicha cláusula, confirmándome en su voluntad, mando que se guarde según en ella se contiene.
—Iten declaro que la voluntad de señor Hernando de Valdés, mi padre, según se contiene en una cláusula del memorial, fue que se diese a Margarita de Valdés en cada un año, de las cincuenta y cinco fanegas de trigo que Alonso de Valdés, mi hermano, tiene sobre el cortijo de Cardenete, que son veinte fanegas para ella y la mujer que la sirviere, en cada un año por su vida, ora esté en el monasterio o fuera de él, para su sustentamiento y de la mujer que la sirviere. Esto, por cuanto Alonso de Valdés escribió al señor Andrés de Valdés, mi hermano, que de lo que era suyo se hiciese con ello a su voluntad de mi padre y lo que a él le pareciese. Y si el dicho censo se quitare, que de los dineros que por ello se dieron se tornen a comprar las dichas veinte fanegas de trigo para Margarita de Valdés, mi hermana. Mando que se haga y cumpla así, según de suso es dicho y declarado.
—Digo y declaro que es por buena una cláusula que mi señor y padre dejó en el memorial, del tenor siguiente: “Iten ruego y mando a Diego y Alonso de Valdés, mis hijos, pues Dios Nuestro Señor les dio más que a los otros mis hijos, que le den a la dicha Margarita de Valdés, mi hija y su hermana, tanto que fuera del monasterio estuviere, lo que buenamente hubiere menester, además de las veinte fanegas de trigo, donde ella quisiere estar, en el monasterio o fuera de él.”
—Iten confirmo y apruebo y mando que se guarde y cumpla una cláusula que está en el memorial que mi padre dejó escrito de mano de Gonzalo de Moya, confirmándome con su voluntad, del tenor siguiente: “Iten por cuanto María de Valdés, mi hija, sirvió mucho a su madre, que en gloria sea su ánima, así en salud como en sus enfermedades, y mías, que habiendo cumplido lo susodicho, es que, de todo lo de las puertas adentro de casa, a su momento, excepto oro, plata y moneda almonedada, que no se le pidan cuentas de cosa alguna de ello porque ésta es mi voluntad y fue la de mi mujer, que sea en gloria”.
—Iten digo y declaro que la voluntad de mi padre fue que María de Valdés, su hija, esté en su casa, donde al presente él vivía, un año cumplido después de su muerte porque mejor y más sin trabas pudiese ir a la iglesia donde se había de enterrar. Mando que se cumpla así.
—Iten declaro que en el memorial está un capítulo en que el señor don Hernando de Valdés, mi padre, dice que me sean dados y pagados a mí, el dicho Juan de Valdés, su hijo, veinte mil maravedís de lo mejor parado de sus bienes. Mando que se guarde y cumpla así como en él se contiene.
—Iten declaro que en el dicho memorial está un capítulo del tenor siguiente: “Iten por cuanto yo querría que Andrés de Valdés, mi hijo, hubiese para sí y para sus herederos y sucesores estas casas en que yo al presente vivo, y que su hija y mi nieta Ana de Valdés hubiese por su casamiento las casas en que Andrés de Valdés, mi hijo, vive, por el mucho amor y voluntad que le hemos tenido mi mujer, que en gloria está, y yo, por haberme criado en nuestra casa, ruego y encargo a mi hijo Diego de Valdés que tenga por bien que los cuatrocientos ducados que a mí y a mi mujer nos prestó para ayuda a casar a nuestras hijas, los haya Andrés de Valdés en estas mis casas, de la manera que Diego de Valdés, mi hijo, los había de haber si hubiera de vivir en esta ciudad. Y porque tengo confianza en que lo hará así, según que me lo ha ofrecido, y que en esto no habrá falta ninguna, digo es mi voluntad que Andrés de Valdés, mi hijo, haya estas mis casas en que yo vivo, con las casillas que tiene alrededor. Y que después de él las haya y tenga su hijo mayor que tuviere el regimiento, y que siempre queden en el hijo mayor que sea varón con que se llame de mi apellido Valdés; y que no se puedan vender, ni trocar, ni cambiar ni enajenar. Y que si se vendieren, trocaren, cambiaren o enajenaren, que queden para el Arca de la Limosna de esta ciudad, a la que en tal caso, desde ahora, hago heredera. Y mando que se saque una fe de este capítulo, de este mi testamento signado y se dé al que tiene el Arca de la Limosna para que lo guarde para su derecho. Y cuanto a las casas principales, las cuales mando que se den a mi nieta Ana de Valdés para su casamiento, digo que quiero que, desde que mi hijo Andrés de Valdés hubiere estas mis casas, sean de la dicha Ana de Valdés, mi nieta, las del dicho Andrés de Valdés, para que, si Ana de Valdés muriere antes que tenga hijo heredero, que las casas queden para con que se case una de las hijas de Andrés de Valdés, cual él quisiere y por bien tuviere”. Y por mí, Juan de Valdés, visto lo susodicho y confirmándome la voluntad de mi padre, mando que se guarde cumplir así como de suso es dicho y no impida esto a lo que arriba es dicho y declarado a favor de la señora Margarita de Valdés.
—Declaro que la voluntad de mi padre fue que se diese la limosna que se acostumbraba dar en su casa cada día a los pobres que vienen a ella todo un año después de su fin y enterramiento, y que se pagase de sus bienes. Mando que se cumpla así.
—Digo y declaro que en el memorial está un capítulo del tenor siguiente, el cual yo confirmo y tengo por bueno: “Iten por cuanto Andrés de Valdés, mi hijo, nos ha sido siempre muy obediente a mi mujer, que haya gloria, y a mí, y es el mayor de mis hijos, y en nuestras penas y trabajos siempre hizo lo que pudo, como debió, y es el mayor y tiene muchos hijos y poco para ellos, ruego a Diego de Valdés, canónigo de Murcia, y Alonso de Valdés, secretario de su majestad, mis hijos, que hagan siempre por él y por sus hijos e hijas todo lo que pudieren por los dichos respectos y porque él ha de estar y vivir en esta ciudad para que la memoria de su madre y mía y de nuestros pasados no perezca, además de lo que ellos deben como hermano.
—Iten por cuanto la voluntad de mi padre fuese que no se pidiere cosa alguna a María de Vera, ama que crió al señor Andrés de Valdés, del tiempo que ha tenido la casa donde ahora vive (---) ninguno del tiempo que que tuvo otra casa de mi padre y no se le ha llevado por razón de las dichas casas cosa alguna, y a la de Francisco de Rojas, y que se las llevase de aquí adelante cosa alguna en tanto que ellas quisieren vivir en ellas. Y que se les diese a cada una de ellas dos ducados para que rueguen a Dios por su ánima. Mando que se guarde y cumpla así.
—Iten porque la voluntad de mi padre fue que se diesen a Mari García, mujer de Francisco de la Muela, el de la Pellejería, cuatro ducados para lo que ella quisiere, y que ruegue a Dios por su ánima. Mando que se cumpla así.
—Declaro que la voluntad de mi padre fue que se diesen a los hijos de Alonso de Valdés, alcaide de la villa de Beteta, su hermano, diez ducados para sus hijos de su hermano y no por otro respecto. Mando que se cumpla así. Y que se dé a la de Pedro de Sevilla, vecino de Cuenca, por algún cargo que mi padre dice que le tenía de dos ducados. Y a Juana, la de Bernabé de la Parra, su criada, porque es pobre, dos ducados. Mando que todo se cumpla así.
—Iten por cuanto la voluntad del dicho mi padre fue que Antón de Valera, clérigo, dijese todo el año las misas que le dice, así como entonar cuando el Herasmo (sic) las dice y con las mismas colectas y oraciones, desde el día que pasó de esta presente vida hasta ser cumplido un año entero. Mando que se guarde así, y que si le faltase por alguna manera, que se tome otro clérigo que las diga por él.
—En el memorial que dejó está un capítulo del tenor siguiente: “Iten por cuanto al tiempo que yo compré de la señora priora y monjas del monasterio de San Benito el enterramiento que ahora tengo y poseo debajo del altar mayor y a la parte de la epístola, pagué por ello lo que nos concertamos y después acá yo me he ensanchado algo más, aunque las señoras lo han habido por bien, por descargo de mi conciencia mando que se les compre trigo de censo en cantidad de diez mil maravedíes; y si lo pudieren hacer perpetuo, que se les compre, y si no que sea al quitar, con tanto que, cuando se quitare, se torne a su parte, con parecer de mis hijos o de alguno de ellos, el trigo que montare los diez mil maravedíes”. Y por mí vista la dicha cláusula, mando que se guarde y cumpla así.
—Iten por cuanto la voluntad de mi padre fue que se comprase un frontal u otra cosa que cueste un ducado y se dé a la iglesia de San Vicente, porque están allí enterrados sus padres. Mando que se cumpla así.
—En el memorial está una cláusula que dice así: “Ruego a todos los otros mis hijos que me perdonen algún cargo que tengo por razón de los casamientos que di a mis hijas, y esto trae mandas, que hago, la cual dicha cláusula yo he por buena y loo, lo apruebo y ratifico.
—Iten digo y declaro que mi señor y padre dio a Margarita de Valdés, mi hermana, para su dote y entrada en el monasterio de la Santísima Concepción de Nuestra Señora quince mil maravedíes y asimismo se gastó con ella para su entrada otros nueve o diez mil maravedíes, y así lo declaró mi padre al tiempo de su muerte por el dicho memorial.
—Iten dejó en el memorial escrito de letra de Gonzalo de Moya una cláusula del tenor siguiente: “Iten dejo por mis universales herederos a Andrés de Valdés, regidor de esta ciudad, a Diego de Valdés, canónigo en la iglesia de Murcia, a Alonso de Valdés, secretario de su majestad, a Juan de Valdés, mis hijos; y a Margarita de Valdés, a María de Valdés y a Isabel de Valdés, mis hijas, que, cumplido todo lo susodicho, partan por iguales partes. Y si algo faltare para cumplirlo y cumplida mi ánima y mandas, ruego y encargo a Diego y Alonso de Valdés, mis hijos, pues Dios les dio más que a los otros, que lo cumplan.” Y porque al tiempo de su muerte Hernando de Valdés, mi señor, comunicó esto conmigo y confirmándome con su voluntad, mando que se guarde. Otra cláusula que antes de ésta está dicha y declarada, que habla sobre sus herederos y como allí se contiene y no más.
—Y en el memorial está otro capítulo que dice así: “Iten por cuanto en las cinco fiestas de Nuestra Señora que las señoras monjas de la Santísima Concepción ayunan a pan y agua sus vigilias y les suelo enviar un almud de trigo de pan ácido y de él se hace un pan para cada una de las monjas que comiesen aquel día, mando y ruego a Diego y Alonso de Valdés, mis hijos, que si mis bienes no bastaren para cumplir esto, que ellos, de lo suyo, compren los dichos seis almudes de trigo de censo perpetuo para comer las monjas las cinco fiestas que ayunan a pan y agua. Y que esto se dé y pague a parecer de mis hijos, y que lo han de hacer de manera que ellas lo tengan cierto y seguro las tres fanegas de trigo”. Mando que se guarde y cumpla así como aquí se contiene.
—Iten declaro que en el memorial está otro capítulo que dice así: “Iten por cuanto mi celo fue bueno y enderezado al servicio de Dios Nuestro Señor en procurar que se hiciese el cabildo de la Misericordia pare que los pobres fuesen remediados y ayudados, y sobre ello el reverendo cabildo de los curas y beneficiados trajeron pleito y gastaron, ruego y pido les plazca perdonarme si algún cargo tengo de esto, así en el rencor como en el interés, porque lo mismo hago yo con sus mercedes”. Lo cual todo, yo el dicho Juan de Valdés, loo y apruebo.
—Hay otra cláusula en el memorial que dice así: “Iten digo que Andrés de Valdés, mi hijo, se informe de un letrado si yo he llevado justamente los derechos de las suertes que me han cabido, y si no los he llevado justamente se den los derechos a los de la parroquia”. Mando que se guarde y cumpla así.
—Hay otra cláusula que dice así: “Iten ruego a mis hijos que, pues Dios les ha gado con qué hagan alguna memoria perpetua en San Benito donde me tengo que enterrar, para que hagan bien por mi ánima y la de mi mujer, que está en gloria”. La cual dicha cláusula yo, Juan de Valdés, loo y apruebo, confirmándome con su voluntad.
—Iten mando que se pongan a la señora María de Valdés, mi hermana, dos frontales que ella hizo hacer: que el uno sea para San Lázaro y se pague de sus dineros y el otro para el altar de mi padre y se pague de sus bienes, porque así fue su voluntad, mas de que se cumpla así.
—Iten mando que, además de lo que a Valera y a Quiteria se les debe de sus soldadas, se dé a cada una de ellas mil maravedíes para sus casamientos, confirmándome con la voluntad de mi padre.
—En el memorial que dejó está escrito otro capítulo del tenor siguiente: “Iten en cuanto en lo que toca al pleito que Andrés de Valdés, mi hijo, trae con Pedro de Alcalá por razón de una traviesa, digo que, aunque no siento tener ningún cargo de conciencia en ello, holgaré que se haga entre ellos por quitarlos de pleito. El concierto con Juan de Valdés, mi hijo, pareciere y que lo que se pagare se pague de mis bienes, pareciéndole así a Juan de Valdés, mi hijo”. Y después de difunto mi padre, yo hube hecho lo que me pareció se debía hacer en el caso y aún más, y el dicho Gonzalo Fernández no quiso pasar, por lo que yo mando que, pues la cosa está en justicia, que se determine. Y mando que si algún daño o gasto viniere al señor Andrés de Valdés por causa del pleito, se pague de los bienes de Hernando de Valdés, mi señor y padre, pues ésta era su voluntad.
—Iten cuanto el dicho Hernando de Valdés, mi señor y padre, solía y acostumbraba dar ciertas limosnas de camisas y otras cosas a personas necesitadas, mando que en estas cosas se gasten para el invierno seis ducados, como lo ordenaren y dispusieren las señoras María y Margarita de Valdés.
—Iten por cuanto un memorial hecho del dicho Hernando de Valdés, mi señor y padre, que está en gloria, hallo que es su voluntad que los ornamentos del altar, cáliz y todo lo otro quede con quien estuviere en sus casas y para aprovechamientos de sus hijos, mando que se haga así.
—Iten mando a las cinco mandas acostumbradas en los testamentos a cada una lo que a los testamentarios les pareciere.
Y para cumplir y pagar, ejecutado este testamento y todo lo en él contenido, nombro por albaceas y testamentarios del dicho Hernando de Valdés, mi señor y padre, los cuales y nombrados en las cláusulas de suso escritas, a los cuales por la forma dicha por virtud, autoridad y concedido por Hernando de Valdés, mi señor y padre, que está en gloria, viendo y todo poder cumplido según que de derecho en tal caso se requiere para cumplir y pagar y ejecutar todas las mandas y legados y primeras causas en este testamento contenidos. Y nombro y establezco los herederos del dicho señor Fernando de Valdés, mi padre, lo contenido y declarado de suso, los cuales hayan y hereden sus bienes por la forma y manera arriba contenido. Y que el dicho nova, revisa y doy poder. Ningunos otros cualesquier testamentos o codicilos que el señor Fernando de Valdés haya hecho y otorgado antes de la fecha de éste su testamento mando que valga por codicilo o por otra cualquier escritura que puede ser de derecho más valer. Y porque esto sea cierto y firme y no venga en duda, otorga esta presente carta en el dicho nombre, en la manera que dicho es ante el escribano público y notario público.
Testigos yuso escritos en el reverso de la cual firmé mi nombre y que feché. Otorgada en la villa de (ilegible), dentro de las casas donde ahora mora el camarero Diego Fernández(¿), en diez días del mes de agosto de mil y quinientos y treinta años.
Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: Urbán de Barrasa, Pedro Francisco de Verástegui, alcaide de Alcalá del Río, Fernando de Trascón, criado del secretario Juan de Valdés, Juan Díaz, vecino de Escalona, y Francisco de Paredes, criado de mí, el secretario Juan de Valdés.- (Va su firma debajo: Joan de Valdés)


Manuel Amores Torrijos
Ilustracion : Goliardo
Ilustracion : Goliardo
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