"La Noche de San Lucas"

Carlos I de España y V de Alemania había traído consigo a toda una corte borgoñona que ni conocía España, ni hablaba su lengua ni menos le importaban los españoles. Y si, además de ocupar los flamencos los puestos clave de la gobernación, conculcaban fueros y leyes, y el rey imponía a Alejandro de Utrech como regente, el levantamiento popular era algo que caería por su peso al resultar evidente el sacrificio de la hegemonía castellana en beneficio de una política imperial y dinástica.
Si bien en Cuenca no se tenga bien cierto el apoyo a la Junta Comunera, pues ésta se movió en todo momento dentro de la ambigüedad y el confusionismo, no por ello dejaron de producirse tumultos y enfrentamientos, el principal de los cuales tuvo lugar el 18 de octubre de 1520, en la denominada “Noche de San Lucas”.
He aquí la descripción que hace don Diego de Valera, escribano del concejo, en la carta que éste dirigió a la Junta, al obispo y al mismo rey:

Muy magníficos señores:
Conociendo el santo celo y propósito que a V.S. y Ayuntamiento, y viendo cómo lo efectúan mandando castigar reciamente los males y agravios que en estos reinos han sucedido y suceden, como de nuestros procuradores, señores largamente certificados y de vista lo vemos, os damos de hacer saber a V.S. lo que en esta ciudad ha sucedido. Y es que el día de San Lucas, que fuera dieciocho del presente, y a las dos horas después de media noche, vino a esta ciudad Rodrigo Manrique, comendador de Zalamea, y con él un canónigo, Diego Manrique, y otros muchos vecinos de esta ciudad que, por su voluntad, fuera de ella con él se estaban con más de setecientos hombres de guerra, a pie y a caballo, con concierto y con algunos traidores clérigos y legos vecinos de esta ciudad. Tenían hecho que a aquella hora les darían la puerta y se juntarían con ellos para quemar y destruir esta ciudad y matar a muchos de los que en ella estaban, lo cual todo sucediera, según la hora a que vinieron y disposición de la ciudad, si Dios nuestro Señor por su clemencia y méritos de San Julián, nuestro patrono, no la guardara; los cuales, poniendo en efecto su mal propósito, llegaron a la puerta y con toda diligencia, siendo sentidos por la guardia y por gente de la ciudad que acudió a resistirlos, trabajaron la entrada peleando muy reciamente, la cual, por la voluntad de Dios, les fue defendida y les hicieron volver por donde vinieron.
Y os suplicamos que, pues esta ciudad y comunidad con entera lealtad siempre ha estado en servicio de sus majestades, y en el bien universal de estos reinos muy entera, le mande hacer muy cumplida justicia de los que, con traición, la quisieron destruir sin causa ni razón alguna. Y tenga V.S. por muy cierto que si su traición hubiera efecto, que fuera mayor el daño de esta ciudad que el que en Medina del Campo sucedió y por más entera hallaría. Tras esta nuestra carta enviaremos larga información de lo que en ella se contiene y pasó en verdad, y nuestros procuradores más particularmente informarán a V.S.
Suplicamos ellos sean oídos y sea dada entera cuenta a lo que dijeren y nosotros enviaremos. En todo sea hecha muy entera justicia a esta ciudad, como su antigua lealtad y fidelidad lo merecen. (---)
Cuenca, 26 de octubre de 1520.
Por mandato de la ciudad de Cuenca y su capitán, y honrada comunidad.
Diego de Valera, escribano del concejo.



Manuel Amores
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